
En un momento indeterminado de finales del siglo XX, esa obra maestra del marketing conocida como Spice Girls dejó de ser rentable, es decir, que pasó de moda. En mi colegio estábamos en una edad demasiado delicada como para tener personalidad propia, así que necesitábamos urgentemente otra moda que llenase ese vacío. El sector femenino encontró una solución fácil en los Backstreet Boys, pero los chicos tuvimos que buscar otra cosa. Por razones obvias.
Y entonces apareció Ska-P. Alguien llegó a clase con El vals del obrero en su walkman, ofreciendo el auricular a todo el mundo mientras soltaba el clásico discursillo de "escucha esto, es la hostia, cantan verdades y además te ríes". Ciertamente las letras eran auténtica poesía:
Aquellas canciones tan subversivas y repletas de palabrotas causaron furor. Las cantábamos en grupo y en los fragmentos más políticamente incorrectos (recordemos que estábamos a las puertas de la pubertad) elevábamos la voz, como si fuese una competición de ver quién era más malote. Esos versos dejaban en tu boca el sabor de la rebeldía, y qué bien sabía.
Y saco un papelillo, me preparo un cigarrillo
y una china pa'l canuto de hachís, ¡hachís!
Saca ya la china tron, venga ya esa china tron,
quémame la china tron, ¡no hay chinas!
El punto culminante de todo esto fue Eurosis. Estoy revisando las canciones y todavía me sé la mayoría, apesar de que jamás tuve el disco. Sus grandes temas están ahí: Paramilitar, Simpático Holgazán, España Va Bien, el mítico Villancico que todavía sigo cantando todas las navidades... Ska-P fue, junto con Molotov, la banda sonora de una gran época. Una época que terminó cuando nos dimos cuenta de que eran malísimos, pero eso ya es esa historia.



